Problemas de conducta en el aula.

Se nos conoce por nuestros actos”. Esta es una de las frases más inspiradoras de la famosa trilogía de “El Caballero Oscuro”, adaptación cinematográfica del icónico héroe de DC Comics, Batman, dirigida por Christopher Nolan. Como apasionado del cine, suelo sentir la tentación de profundizar en algunas metáforas interesantes en relación con nuestra labor como educadores, pero esta vez, la referencia que da pie a mi reflexión, es simplemente el contenido de esa frase.

Nuestro comportamiento proyecta una imagen concreta de nosotros mismos hacia las personas que nos rodean. Esa imagen será buena o mala en función de nuestros actos. Los demás, nos conocen por cómo actuamos, pero ¿es esa imagen completa?, ¿representa realmente lo que somos o lo que podemos llegar a ser?, ¿o quizá nos aleja de la persona que se esconde tras esa imagen?

Así funcionan los prejuicios. Esa imagen es la que destaca frente a lo demás. La conducta se convierte en la carta de presentación, y de esta forma, al ver un acto honorable, inmediatamente pensamos que la persona es honorable y si por el contrario, vemos un acto despreciable, pensamos que la persona es despreciable.

En muchas ocasiones, las cosas son lo que son. No pretendo justificar los malos comportamientos ni sobrevalorar los buenos. La premisa de la que parto es: si alguien se comporta de manera inadecuada, tendemos a centrarnos en el comportamiento más que en la persona. Y esto es lo que ocurre cuando nos encontramos con ciertos comportamientos disruptivos dentro del aula.

La idea fundamental en la que se basa el apoyo conductual positivo es que la conducta es la manifestación de la interacción entre la persona y su contexto, por lo que será necesario desplazar el foco de atención desde la conducta en sí misma a las variables existentes que la producen. De este modo, el contexto cobra protagonismo y la persona deja de ser la única culpable.

Estamos ya a mitad de curso, y las dificultades que pueden surgir en cualquier aula de Educación Primaria cuando un niño/a con T.E.A. presenta conductas desafiantes, ya se habrán manifestado, y en muchos casos, habrán supuesto un quebradero de cabeza para los profesores y monitores que les atienden, por no saber cómo gestionar comportamientos que no sabemos hasta qué punto tienen relación con su condición o simplemente con la falta de adquisición de hábitos adecuados.

Así que ahí van siete sugerencias que pueden ayudarte a gestionar de manera coherente este tipo de situaciones.

1.       Todos sabemos que faltan recursos en las aulas para atender adecuadamente al alumnado con necesidades de apoyo educativo, pero el primer paso es dejar de utilizar ese argumento como excusa. Las excusas solo limitan nuestra iniciativa. Actúa. Habla con el claustro, con la dirección del centro, poneros en contacto con los equipos específicos, exigid a la Junta recursos suficientes y específicos para las problemáticas que se os presentan. Lucha por tu alumno/a, no contra él/ella.

2.       Ahora céntrate en lo que sí puedes hacer. Analiza tus opciones. Busca aliados. La familia debe ser el principal, ya que no hay nadie con más interés por que su hijo/a esté cómodo/a y aprenda todo lo que puedes enseñarle. Plantea el problema de forma objetiva, sin prejuicios. Si eres honesto, sabrán que tu preocupación es real y serán una ayuda en vez de una dificultad añadida.

3.       Quiero pensar que tú, que estás leyendo estas líneas, eres profesional de la educación por vocación, porque sólo así podrás hacer lo necesario. Asume que va a suponer un esfuerzo extra. Cada alumno/a es diferente por lo que es absurdo pensar en dar la clase de la misma manera para todos/as. Te aseguro que la diferencia siempre se transforma en riqueza, para ti, para el alumnado y para la sociedad.

4.       Párate a reflexionar antes de empezar a hablar de que tu alumno/a tiene un trastorno de conducta. Utilizamos con demasiada ligereza ciertos términos que quizá expresan mejor nuestra ansiedad ante una situación que nos sobrepasa, que una realidad objetiva. Sólo tienes que consultar en el DSM-5 (última revisión del manual diagnóstico elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría), la sección de Trastornos destructivos, del control de los impulsos y de la conducta, y podrás comprobar que pocos casos que hayas visto encajan con lo que vas a leer. Normalmente, un niño/a con T.E.A. presenta conductas inadecuadas porque no se han atendido de forma correcta las dificultades derivadas de su condición, lo que le lleva a expresar de forma desadaptativa algo que podría expresar de forma adaptativa con las herramientas necesarias.

5.       Es el momento de empezar a trabajar. La clave es comprender la conducta que manifiesta tu alumno/a. Si no sabemos por qué lo hace, no podemos buscar soluciones. Eso implica registrar lo que está pasando. Los antecedentes y los consecuentes, la forma y la función de cada conducta. Es un trabajo de precisión, de analizar cada detalle. Al principio, tendrás un montón de información, pero si la analizas con calma, empezarás a encontrar ciertos patrones comunes. Es un trabajo en equipo. El alumno/a se desenvuelve en diferentes contextos (su casa, el colegio, la casa de los abuelos, las extraescolares, etc.). Es necesario estar coordinado con las personas más significativas de cada uno de ellos.

6.       Cuando tengas alguna hipótesis, es el momento de planificar lo que vamos a hacer. No tienes por qué ser un/a experto/a en conducta o en trastornos del desarrollo. Asesórate, busca información, habla con especialistas. En la mayoría de ocasiones, cuando tienes un alumno con necesidades de apoyo educativo en el aula, también está siendo atendido por otros profesionales externos. Nos los veas como competencia. No lo son. Tú tienes tu trabajo y ellos el suyo. Conocer lo que se está trabajando con el niño/a y ponerse de acuerdo para remar en la misma dirección sólo tiene beneficios.

7.       Cualquier intervención en conducta tiene una parte preventiva y otra reactiva. Lo ideal es favorecer un contexto que ayude a tu alumno/a a emplear formas adecuadas de expresarse, evitando situaciones de crisis. Pero cuando hay crisis no sirve de nada cerrar los ojos. Es necesario tenerlo previsto, saber qué vamos a hacer, cómo lo vamos a hacer y que todo el mundo lo sepa. También la familia. Todas las familias conocen en realidad a sus hijos/as y saben que hay momentos en los que sólo se puede controlar la situación y evitar males mayores. Volvemos a la honestidad. Son temas delicados, por eso hay que tratarlos con mucho respeto, pero con claridad y transparencia.

Y sobre todo, ten en cuenta que no hay una fórmula universal. Tendrás que probar y posiblemente equivocarte, pero si lo intentas, poco a poco te irás acercando, no sólo a eliminar o reducir las conductas que interfieren en tu aula, sino a mejorar la calidad de vida y las oportunidades de aprendizaje de tu alumnado. 


Diego Vela Martín